El contexto
Agencia de viajes receptiva que cotiza con tarifas negociadas por proveedor. Los contratos llegaban en PDF de hasta treinta páginas y alguien tenía que leerlos y trasladarlos al sistema de cotización a mano.
¿Cuál era el cuello de botella?
Cada contrato de tarifas era un PDF de unas treinta páginas que alguien tenía que leer, interpretar y cargar manualmente al motor de cotización. El cuello de botella no era cotizar: era todo el trabajo previo de trasladar el contrato al sistema, con el riesgo de error que eso arrastra a cada cotización posterior.
¿Por qué se empezó por ahí y no por otra cosa?
Lo difícil no fue el software. Fue decidir por qué proceso empezar. De todos los procesos candidatos, se eligió el de carga de tarifas porque era el que bloqueaba a todos los demás: cualquier error ahí se propagaba a cada cotización que saliera después. Esa priorización es la parte que casi nadie hace, y es la que determina si un proyecto de IA sirve o se queda en piloto.
Qué se hizo
Se construyó un sistema que lee el contrato en PDF, extrae las tarifas, las valida y las carga al motor de cotización.
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